OPINION

El regreso de un cine silencioso


Oscar Sulbaran
¿Cómo es que un día estamos excelente y al otro no podemos estar peor? Esta es una realidad que forma parte del juego en el que estamos metidos llamado "Venezuela", y donde nadie se escapa, así es, ni el cine.

Para nadie es un secreto las vivencias diarias que atraviesa Venezuela, empezando desde las faltas (en todos los sentidos de la palabra) que encierran todos aquellos sectores indispensables que hacen relucir la calidad de un país.

Podría nombrar muchísimos de estos elementos que han decaído por "x o y" razón, pero sin embargo, el venezolano, en su inquietud de siempre estar en una constante búsqueda, es un creativo de naturaleza y siempre encuentra las formas necesarias para no quedarse en las adversidades.

Si todo lo que antes mencioné lo traspasamos al aspecto cultural, una de las principales banderas que se levantarían sería la del cine, ya que nacionalmente este fenómeno ha sido el que poco se ha estacionado y acostumbrado a los nuevos esquemas de conformismo, planteados por la plana mayor del país, por el contrario, a medida que transcurren los años, el mismo va superándose.

Una de las principales razones para sustentarme, son las cifras que desde el 2010 hasta el 2015 publicó el CNAC, donde mencionaba que se grabaron 421 obras en Venezuela, dejando al 2015 como el mejor año en la historia de nuestro cine, teniendo 31 películas estrenadas y más de un millón de espectadores.

Ahora bien, debemos recordar que el cine a pesar de que va creciendo conforme a las nuevas tecnologías, o por el reconocimiento internacional, no se escapa por completo de la crítica situación. Ciertamente, los creadores y productores hacen el mayor esfuerzo por llevar proyectos adelante, pero la piedra más grande que se les atraviesa en el medio, es la incontrolable falta de espectadores, y con esto me refiero, a las cifras dadas desde el 2017 en adelante, arrojando 21.226.361 como cantidad de personas asistentes a las salas nacionales, mientras que desde enero a diciembre del 2018, existió una decaída trágica del 33,95% de espectadores en las salas, dejando como resultado un total de 14.021.046.

Lo más triste y lamentable es que el año 2019 no genero ningún cambio para bien, ya que fueron aproximadamente 12 millones de asistentes a las salas nacionales, y es que una situación como esta no es inesperada cuando en su defensa se encuentra que 12 salas de cine fueron cerradas.

Cuando se habla de conveniencia, en primera página se encuentra todo lo que rodea información de los entes públicos, con esto me refiero, a que estas cifras recientemente mencionadas, no fueron ni remotamente nombradas por el CNAC, claramente, aunque este muy visible y no pase para nada desapercibido, no es de su interés que se ilustren las desmejoras dentro de este sistemático país.

La perfecta excusa planteada por el CNAC, es que su plataforma no actualiza estadísticas desde el año 2016, pero en su contraparte, la cual lo somete al escarnio público, son todas aquellas invitaciones, por demás descaradas, a formar parte de aquellos movimientos y actividades que difunden y promueven mensajes del gobierno.

El cine a pesar de ser el método de recreación “Más económico”, (lo digo entre comilla ya que nada lo es) hoy día deja por entendido, que hasta las clases sociales han perdido su personalidad, ya que hoy no contamos con que las 3 generalmente conocidas, que son, Alta, Media y Baja, tengan acceso a este tipo de  entretenimiento, si no que la persistencia en el trabajar para comer que nos han implantado y obligado a ejecutar, ha seleccionado a solo una muestra de esta gran población, para así disfrutar de lo que anteriormente para una familia venezolana era una hermosa costumbre. Bernardo Rotundo, presidente de Gran Cine, lamenta el contexto en el que se desenvuelve la industria. “Es dañino porque pareciera que estuviéramos viviendo un nuevo esclavismo, porque trabajamos para alimentarnos”.

Es decepcionante ver como decae un cine el cual sus cifras no bajaban de 30 millones de espectadores, como puede una mala organización silenciar toda una historia en ascendencia, pero los más triste es ver que las ganas de salir adelante en vez de progreso, lo que se nos viene a la mente es costumbre y conformismo.

Comentarios